Hoy las paredes del aula se han quedado pequeñas, ¡porque nuestros chicos y chicas de 3º y 4º de Primaria se han convertido en auténticos aventureros! El destino ha sido el parque de aventura La Gabarda, un rincón espectacular donde la adrenalina y la naturaleza van de la mano.
¡Dicho y hecho! Nada más bajar del autobús y pisar el terreno de nuestra esperadísima excursión, el estómago ya empezaba a rugir. Pero como un buen aventurero no viaja con el depósito vacío, lo primero ha sido lo primero: ¡el almuerzo!
Hemos devorado los bocatas a velocidad de vértigo. ¿El motivo de tanta prisa? No era solo hambre, ¡eran las ganas de comernos el mundo! Sabíamos que necesitábamos las pilas cargadas al 100% para lo que se nos venía encima.
Y es que, con la última miga de pan aún en la boca, ha llegado el momento de la verdad: ¡la primera gran actividad del día!, el arborismo. Equipados con sus arneses y mucha valentía, los alumnos y alumnas han recorrido los circuitos instalados en las copas de los árboles.
¡Dicho y hecho! Nada más bajar del autobús y pisar el terreno de nuestra esperadísima excursión, el estómago ya empezaba a rugir. Pero como un buen aventurero no viaja con el depósito vacío, lo primero ha sido lo primero: ¡el almuerzo!
Hemos devorado los bocatas a velocidad de vértigo. ¿El motivo de tanta prisa? No era solo hambre, ¡eran las ganas de comernos el mundo! Sabíamos que necesitábamos las pilas cargadas al 100% para lo que se nos venía encima.
Han demostrado tener un equilibrio de acero y una puntería de diez mientras superaban:
Puentes colgantes que se movían a cada paso.
Redes de abordaje como si fueran piratas en el bosque.
Tirolinas de vértigo donde han soltado más de un grito de alegría al deslizarse por los aires.
Lo más bonito de la jornada no ha sido solo ver cómo subían por los árboles, sino ver cómo se ayudaban entre ellos. "¡Tú puedes!", "¡Pon el pie ahí!", "¡No mires abajo!"... El compañerismo ha sido la mejor herramienta de seguridad para superar cada reto. Acompañados de sus profes, han aprendido que, con un poco de esfuerzo y el apoyo de los amigos, ¡no hay altura que se les resista!
Una vez que ponemos los pies en la tierra (y recuperamos el aliento tras el subidón de las tirolinas), llega el momento de demostrar que, además de valientes, ¡somos un equipo imbatible! Nos dividimos por grupos para enfrentarnos a una serie de juegos donde la risa y la estrategia son las grandes protagonistas.
La cosa empieza fuerte con un tres en raya... ¡pero versión extrema!
Para relajar las piernas (pero no las neuronas), pasamos a un juego de memorización. La tensión se corta con un cuchillo: un paso mal hecho o un segundo de duda y... ¡bum! Eliminados. Hay momentos de concentración máxima, fallos divertidísimos y, sobre todo, muchísimas risas al ver a más de uno con la mente en blanco por los nervios.
Pero el verdadero examen de oro llega con el desafío de los canales. El objetivo parece sencillo: llevar una bola hasta el cesto. ¿El problema? Cada uno de nosotros tiene solo un trozo de canal y la bola no puede dejar de rodar ni tocar el suelo. La clave del éxito: Aquí no vale correr por libre. Tenemos que pegarnos, acoplarnos a la perfección y comunicarnos como un auténtico reloj suizo. Si uno se despista, ¡la bola sale volando!
Al final, entre risas, algún que otro tropiezo y muchísima coordinación, logramos encestar la bola demostrando que cuando trabajamos juntos, no hay reto que se nos resista.
La emoción sigue subiendo cuando nos toca emular a Robin Hood. ¡Llega el momento de tirar con arco a la diana! Con el arco bien sujeto, un ojo cerrado y el corazón a mil, cada uno contiene la respiración antes de soltar la flecha. Hay tiros que van directos al centro, otros que salen un poco "rebeldes", pero cada acierto se celebra por todo lo alto con el grito de guerra del equipo.
Y después de tanta tensión, carreras, saltos y puntería... ¡el estómago vuelve a llamar a la puerta! El gasto de energía ha sido tremendo, así que ahora toca parar, sentarnos juntos y disfrutar de la merecidísima comida. Es el momento perfecto para compartir las mejores anécdotas del día, reírnos de los momentos más divertidos y reponer fuerzas.
Tras la comida han aprovechado el entorno privilegiado de La Gabarda para jugar, explorar el terreno y comentar las mejores jugadas de sus saltos en tirolina.
Regresamos al cole con alguna que otra rodilla con un poquito de polvo, pero con una sonrisa de oreja a oreja y el orgullo de haber superado sus propios miedos.







































































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